miércoles, julio 23, 2008

¡Cuernoempanza!

Hoy en la hora del almuerzo fui a comprarme un tapado siete octavos a Av. Santa Fe y me llevé para el camino Todo Ubú, porque ida y vuelta son más de diez cuadras y todavía más páginas, y soy de ésas que suelen andar cansinamente por pleno centro portando libro abierto sin que les importe un pito que los demás transeúntes deban esforzarse en esquivarlas porque ellas poco se molestan. En este caso para más extravagancia iba riéndome en la cara -en la cara del libro, se entiende, aunque también en la mía-, como no puede ser de otra manera como bien lo sabe el que haya leído el susodicho. Me traje el tapado pero pasó algo que me paralizó el esternón y es que al volver se ve que muy oronda con mi nueva adquisición y a paso vivo por la hora ya casi consumida me olvidé por completo de leer y de Ubú en el probador. Llamé y lo rescataron del agobiante cubículo sano y salvo. Pasé a buscarlo por el negocio a la salida. Suspiré de alivio cuando lo vi, mayormente celeste por fuera y beigecito por dentro, esperándome, cruzado de páginas. Queda gente honesta o a la que los libros le nefregan.

5 comentarios:

inx dijo...

Es mayor la nefregadez que la honestidad, si se me permite el neologismo.

Maguila dijo...

De acuerdo con Inés, les importa muy poco, si hubiese sido un I-Pod, teléfono celular o unos auriculares pedorros no los encontrabas más. A quienes nos gusta la literatura tenemos esa suerte, cada vez se lee menos, eso baja el precio (debería) y nos inmuniza contra los robos de lo que para nosotros son objetos preciados.
Lo que no entiendo es cómo hacés para leer caminando, es la unica situación en la que jamás pude leer.

Vero dijo...

Ansina es. Mala suerte (ignorada) para los demás y buena para nos. Ah, camino bien despacio para dar tiempo a la gente a que sustraiga el cuerpo. Un poco pispeo afuera del libro, también. Veo: palabra impresa, margen, baldosa. Si en vez de baldosa zapato, me aquieto o me corro. Pero ya sé que no te referís a eso, Maguila: lo difícil es atar la concetración al primer término, es decir a la palabra impresa. Es cuestión de práctica como tantas cosas. Tantas ocupaciones cotidianas
acogotan el tiempo que me queda para leer así que aprovecho esos ratos.

Ojaral dijo...

Acomodar el ritmo de la lectura al suave taconeo de los pasos sobre las baldosas, coordinar la sucesión ordenada de las palabras con el ondular del cuerpo en movimiento, ajustar la respiración de las frases con la leve agitación de los pulmones, desplazarse al mismo tiempo por el espacio concreto de la ciudad y por el ámbito inasible de la imaginación es un arte que no está al alcance de cualquiera, ciertamente. No del mío, al menos.
Que Maguila diga dónde consigue libros baratos, porque yo veo librerías desiertas que ofrecen cada vez menos a un precio cada vez más alto.
Saludos.

Vero dijo...

Uy, yo no sé si hago todo eso, dicho así parece dificilísimo. La otra vuelta Maguila daba consejos en su blog sobre ciertos puestitos de Parque Rivadavia, fijate. Yo tengo un buen dealer de libros usados justo a la vuelta de la ofi. Libros nuevos, con cuentagotas. Besos.