Buscando en mi diario del año pasado (llevo uno en papel y otro en la compu) unas anotaciones sobre Cohen, encontré un fragmento con una ráfaga de reflexiones, en gran medida relacionadas con el blog. Debo haber estado escribiendo mientras leía blogs. Es un texto muy personal, tan íntimo que se ve que por pudor mostré, en aquel tiempo, sólo una frase, casi en un murmullo, “Esta boca cerrada es mía”. Me dijeron que hace rato que me limito a postear comentarios de cine o libros, así que hoy lo expongo, aunque con la distancia que le dieron los meses el texto tiene algo de cadavérico.
20 08 07
De madrugada.
¿Tantos días pasaron? Dije, en mi oído, en voz baja, tantas palabras, estos días. (Esto suena a Beckett. Pero todo siempre me suena a otro. Está bien, me acostumbré a mi cúmulo de recortes. Mi ego no se lastima con lo inevitable). Anduve sin ver el sentido del blog, esto de hablar en público. Me dije: ¿Qué busco? ¿Qué me digan que soy inteligente? ¿Y a mí qué me importa si me creen inteligente o zonza? Entonces me cierro en el silencio: me arrepollo).
Sordo ruido de discusiones. Me afectan esas cosas, ver tanta muestra de vanidad me hace preguntarme por la mía.
Las palabras, huecas. ¿No ven que no llevan nada? No tienen carga, no, se me vaciaron, por el camino, se me volcaron. (Disculpen, tendría que haber sido más cuidadosa). No denotan ni connotan. Como varitas arman una estructura. El aire pasa a través. Ahí quedan, negras, rígidas, señalando la nada. (Flechas, flechas: Gombrowicz). Leí mucho. Leí poco. (Las dos cosas son ciertas). Qué importa. Qué importa nada. Y esto mismo me hace pensar en el blog. Debería postear todo esto. Mostrar las tripas, decir: “Vean, así soy yo, nada de esto importa, sigamos jugando”.
Ahora pienso esto para el blog: escribir un comentario debajo de otro, no volver a postear, si no es ahí.
[Pastoral americana: hermoso y brillante como manzana que se agusana].
Pero comentarios que no contesten a los de los demás, que no sean réplicas, sino autónomos. Simulacro de comentario: creen que contesto y cada vez me cierro más. Esto no es una pipa. Esta boca cerrada es mía.
Lo tengo que decir: me da impresión que me haya linkeado Portnoy. ¿Por qué habrá sido? ¿Porque dije Roth? ¿Por Film?
Más tarde. Levemente psicodélica, escucho “I am the walrus” sin parar. Siento un malestar, un comienzo de náuseas. Quiero seguir escuchándola hasta que no la soporte. Y después seguir.
Daniela me dice que abra la boca y cierra la suya. Jorge se purga. Cuartos que van quedando a oscuras.
Más tarde todavía. Escribir sin parar, en diferentes horas del día. Ver el desgaste de las horas del día. Quizás las horas de oscuridad traigan más luz que los rayos matutinos.
Tendría que dejar los dedos correr. Vamos a hacer este ejercicio. Sin tema, escribir al menos diez renglones, sin parar.
La noche es fría y húmeda, especialmente oscura. Todas la noches la luz se va, es cierto, pero en esta en especial hay ausencia de claridad. Una media luna esmerilada, pocas estrellas. Estas noches me llevan a envolverme más en mí, más de lo que en estos días. En la crisálida. Oh, pero qué poco jugosa mi crisálida, qué pobre. Lo que quiero es una crisálida como la de Strindberg, no sé que hago en este envoltorio tan miserable. Debería limpiarme y comenzar todo otra vez, por qué estoy encerrada en la crisálida conmigo. Quiero salir de mí. No puedo encontrar belleza en ningún lado por acá, alrededor, debo irme lejos. O nada más pegar un saltito al costado de mí. Segurmanete me miraría con compasión. Pobre pellejo donde mi corazón se debate. Y qué es eso tan grandioso que me creo que soy a veces. Puro pellejo seco. Y aunque parezca paradójico eso es lo que me da motivo para escribir, la inutilidad, la fragilidad, lo vano del acto. Acá estoy, animalito mínimo, mediocre inteligencia, escribiendo como si fuera un dios y riéndome de mi insignificancia. Hago grandes gestos, eso sí. Camino, me desplazo como un gran actor. Abro bien la boca para hablar, modulo mis chillidos de rata.
Más de noche. Para qué decir nada a los demás. Para qué si tengo que andar pidiendo disculpas. Falta el estímulo. Pero es miserable decir eso, que espero el estímulo externo, es vergonzante, dejemos todo en el silencio.