El saber del mundo no es un saber de matadero y no es profundo. El matadero permite una filosofía radical de la profundidad.
viernes, marzo 19, 2010
Filosofía del carnicero
El saber del mundo no es un saber de matadero y no es profundo. El matadero permite una filosofía radical de la profundidad.
domingo, marzo 14, 2010
La letra instrumental
miércoles, febrero 24, 2010
Sabés cómo me siento
No sabré
En algún banco de esta plaza o andando bajo los árboles, alguien que podría ser mi amigo estuvo o estará; alguno, hombre o mujer, más próximo a mis gustos que las gentes con las que vivo. No lo veré nunca, no sabré que respiró la humedad de una tormenta de verano mientras cruzaba la plaza de Santa María e iba cambiando ociosamente, por juego y desesperanza, la colocación de los materiales que componían su mundo. Tal vez haya decidido, aquí mismo, paso a paso sobre el pedregullo revuelto, dedicar su vida a un solo propósito o, lo mismo da, renunciar a todos los propósitos. Me es igualmente fácil compartir su fe y la risa un poco asombrada, un poco miedosa con que acogerá o acogió su renunciamiento.
Juan Carlos Onetti, Juntacadáveres
miércoles, febrero 10, 2010
Teatro ciego
“La vida no se siente. Uno es como una lombriz solitaria en un intestino de cemento. Pasan los días y no se sabe cuándo es de día, cuándo es de noche. Misterio. (Con desesperación) Pero un día nos traen a este décimo piso. Y en el cielo, las nubes, las chimeneas de los transatlánticos se nos entran en los ojos. Pero entonces, ¿existía el cielo? Pero entonces, ¿existían los buques? ¿Y las nubes existían?” (Manuel).
El viernes asistí a una puesta peculiar de esta obra. El Grupo Ojcuro, compuesto en su mayor parte por no videntes, la representa en completa oscuridad. Me llevaron, con delicadeza, de la mano, “ésta es tu butaca, tocá el respaldo”, y me senté. Después de un rato de acomodamientos, se oyó el tecleo de máquinas de escribir, conversaciones, tecleantes, de oficina, no sólo enfrente, sino también al costado y atrás. Sentí aroma a café y sorpresa. En una playa de Madagascar me roció el oleaje, en Oriente aspiré el olor del curry y me embarulló el mercado. Eso puede pasarle a cualquiera que se acerque al Konex, viernes o sábado.
viernes, febrero 05, 2010
Y así
viernes, diciembre 18, 2009
Aquel reino singular
László Krasznahorkai, Melancolía de la resistencia
domingo, diciembre 06, 2009
Una buena mujer
“Habría sido una buena mujer –dijo el Desequilibrado- si hubiera tenido a alguien cerca que le disparara cada minuto de su vida”. La frase es de “Un hombre bueno es difícil de encontrar”, de Flannery O’Connor. La enuncia el asesino. Es enigmática, prismática. Elijo creer (cuestión de fe, quién puede saber lo que piensa un personaje, eso ni su autor) que sugería que la única manera de que la mujer fuese buena era en el no ser de la muerte, en el cuerpo estricto, desalmado. Niegan los tiros del Desequilibrado (el toque de ella en su hombro fue para él “como la mordedura de una serpiente”) el manoteo desesperado de la vieja (“¡Eres uno de mis hijos!”). Un asesino melancólico, encantador. Ahí puedo ver la distancia que hay entre mi juicio moral en la literatura y en la vida. Porque lo que me espantaría en la vida, un hombre que mata sin razón, sin placer siquiera (es que no vio a Jesús resucitar, dice, robar una rueda o matar da lo mismo y se olvida y sólo queda el castigo, dice, no hay placer en la vida, dice), en la literatura no, y entiendo más al que ejerce la crueldad como una purga que a la mujer que babea su pretendida bondad, y saludo al antídoto que quita ese veneno de, como se suele decir, la faz la tierra.