viernes, marzo 16, 2018

Weinberger

Una historización del racismo que oprime el esófago; usos y costumbres del roedor atroz que oye ecos de la matanza de otra especie en Somalía; una colección de rumores sobre la India hacia 1492; el andar sinuoso del tigre en la literatura; la memoria, la huella de lo olvidado, también el recuerdo de lo que no vivimos pero intuimos que fue; el registro de la percepción del azul a través del tiempo y de lo que se designa con esa palabra y no es un color; la figura del vórtice y la vorágine en los escritos de Pound, un maestro hindú que resulta ser oriundo de Baltimore, Yeats, Empédocles, Anaxágoras, Sócrates, Simplicio, Lucrecio, Aercio; la lengua y en particular la poesía china (en traducciones tan disímiles que quizá lo que llega a Occidente sea poco más que un malentendido) y su influencia sobre la estadounidense; las ficciones tras los filmes etnográficos; la fotografía antropológica, que retrata mejor al fotógrafo; una ristra de títulos de libros inconcebibles.
Tomé muchas notas mientras leía Las cataratas, de Eliot Weinberger, pero desisto de dejar más comentario acá que esta enumeración de temas y una conclusión: el ser humano, cuando no es tristemente absurdo, es cómicamente ridículo.

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