viernes, febrero 16, 2018

Hacha

Hace unos dias conversaba con un amigo acerca de la afirmación de Kafka, "un libro debe ser el hacha para el mar helado que llevamos dentro". Le dije que figuraba en una carta Oskar Pollak y que en la biografía publicada por Klaus Wagenbach había un fragmento bastante extenso de esa carta, que se lo iba a mandar en cuanto llegase a casa. Me quedé pensando en las imágenes que Kafka asocia a los libros, los que valen la pena, los necesarios: la muerte de un ser amadísimo, un suicidio, el exilio en el bosque, pero, ¿qué era eso del hacha? La primera vez que lo escuché el hacha era un cuchillo, en una charla de Marcelo Cohen, hace diez años ya. Fue tal el impacto que rastreé enseguida "Kafka cuchillo de hielo". Ahora nos volvíamos a encontrar. Vi la frase en su singularidad. Pensé que era algo extravagante la asociación y que por esa causa se había fijado con tanto tesón en la memoria. La pasé al alemán y busqué agregando Kafka, "ein Buch muß die Axt sein für das gefrorene Meer in uns", y de nuevo al español. No había duda. Ah, los exégetas de Kafka. Que cada quien interprete las significaciones que exuda ese pasaje. Yo tengo las mías y van variando como los colores de una llama. Pero quería apuntar esto que sigue y creo que no había notado antes. Como suele suceder con algunos libros, los consulto por una frase, una palabra quizá, y como después sigo percibiendo el runrún del cúmulo de páginas los leo enteros, de pe a pa, una vez más. Así, en otra parte del Kafka de Wagenbach leo: "Mi nombre hebreo es Amschel, como el del abuelo materno de mi madre, del cual guarda ella el recuerdo de un hombre muy piadoso e instruido con una larga barba, que murió cuando ella tenía seis años (...). Se bañaba todos los días en el río, también en invierno; entonces cortaba con el hacha en el hielo un agujero para bañarse." El fragmento pertenece a los Diarios. Después Wagenbach recoge un escrito de Julie Löwy, madre de Kafka, 20 años posterior al del hijo: "Mi abuelo, el padre de mi madre, fue un hombre muy instruido en la cultura judía (...). En verano lo mismo que en invierno iba con toda severidad que no todos los días a bañarse al Elba. En invierno, cuando helaba, tenía un hacha con la que rompía el hielo para meterse en el agua". Cómo llega Kafka a vincular el hacha y el hielo con los libros, quién sabe. Pero en la memoria familiar estaba impresa esta imagen de un hombre cuya voluntad lo impele a caminar con un hacha hasta el río helado para quebrarlo y sumergirse.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante lo que cuentas, gracias

Vero dijo...

Qué bueno que te parezca interesante, te agradezco el comentario.