No tenemos nada que decir, sino que somos lamentables, que
hemos sucumbido por imaginación a una monotonía filosófica-económica-mecánica.
Instrumentos de la decadencia, criaturas de la agonía, todo
es claro para nosotros, no comprendemos nada. Poblamos un traumatismo, tenemos
miedo, tenemos mucho derecho a tener miedo, vemos ya, por más que
indistintamente, en último término, los gigantes de la angustia.
Lo que pensamos ha sido ya pensado, lo que sentimos es
caótico, lo que somos es oscuro.
No tenemos que tener vergüenza, pero no somos nada tampoco y
no merecemos sino el caos.
Agradezco, en nombre personal y en el de aquellos a quienes
se distingue hoy conmigo, a este jurado y muy especialmente a todos los aquí
presentes.
Fragmento final del discurso de agradecimiento de Thomas Bernhard en
ocasión de la entrega del Premio Nacional Austríaco de Literatura, 22 de marzo
de 1968.
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