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- N
o has oído hablar de las lluvias interiores. Te lavan los órganos día y noche. Vienen del corazón y lavan el hígado, el estómago, el bazo y los riñones. Estoy calado hasta los huesos. Si no fuera por este abrigo, yo no sé lo que pasaría. Incluso no me atrevo a desabotonarlo. Una copa de vino me ayudaría. Hay demanda del hígado, del estómago, del bazo y de los riñones. Tienen que trabajar todo el tiempo, sin interrupción. Esta constante mojadura podría convertirse en una súbita sequedad, que pronto podría tornarse mortal.
Oye, dame vino.
Halics, en Sátántangó
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