jueves, octubre 15, 2009

Escribo que sufro. Poder escribirlo, “objetivar el dolor en medio del dolor”, me parece una aberración. Sólo porque soy miserable y cobarde puedo y necesito calzarme las palabras para manipular estas brasas.

12 comentarios:

kurubeta dijo...

Vero, kerida, ké ganas de verte...!
besos

Sucre2496 dijo...

me alegra que hayas regresado. Una vez me enviaste Malone Muere. Agrego un enlace a El infierno de nuestro decontento en mi blog de pelis, libros y afines llamado Algo Más En La Web.
Un beso Vero.

KuruPicho dijo...

ke suertudo sos 2496!

ema dijo...

Qué enormidad de tristeza. Un abrazo, Vero.
Ema

Vero dijo...

Kuru, Sucre, agradezco el recuerdo. Gracias por el abrazo, Ema, por acompañar. Me dejó atontada el golpe. Qué se puede hacer frente a la violencia de la muerte. Hace un rato oí en la voz astillada de un anciano Bioy: "A veces he pensado que la vida es un entretenimiento frívolo con un final atroz". Me sentí comprendida.

Miguel S. dijo...

Vero, la escritura es poderosa para entrar y salir del dolor, la lectura es tan pronto un bálsamo como un desasosiego. La cuestión es mantenerse fluviátil como el pez...

Un beso

ema dijo...

Eso, Vero: la violencia de la muerte... Inmisericorde en su hachazo. Más abrazos.
Ema

Sólo caben las palabras del poeta:

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado. (enamorada)

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata, te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

ema dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ojaral dijo...

Me acabo de enterar, por Ever, de lo de Anganuzzi. Me cuesta creerlo, todavía. No lo conocí personalmente. No tuve esa suerte, pero el suyo fue el primer blog que visité cuando decidí abrir el mío y durante muchos meses fue el faro alrededor del cual giraban mis lecturas de la web. Le debo haberme demostrado que la literatura anida en lugares insospechados, que está lleno de grandes escritores (él era uno de ellos) por fuera de los catálogos de las grandes editoriales, que se puede y se debe escribir por el gusto de hacerlo antes que nada. A través de zona tomada llegué a este blog y a otros que todavía leo con placer. Y me acuerdo del orcullo que sentí cuando vi que me había sumado al blogroll, esa tabla de posiciones en la que siempre anduve peleando por zafar de la promoción, hasta que en los últimos tiempos alcancé una decorosa posición en mitad de tabla. Compartí con él, a la distancia, el gusto por ciertos escritores (Cohen el primero) y me asombraba la amplitud y la versatilidad de su talento. Él mismo era un escritor exquisito y un lector sofisticado y sutil. Hace rato que no dejo comentarios en su blog, por falta de tiempo y, sobre todo, de ingenio para decir algo que esté a la altura. Pero nunca dejé de leerlo. Siento por Puck una gratitud enorme. Y lo triste es que ya no habrá forma de demostrárselo. Estoy azorado.
Te mando un abrazo, Vero.

Ventrílocuo dijo...

Querida Vero. Me gustaría que me escribas. Hay cosas que me he perdido. besos

Vero dijo...

Fluviátil, Miguel, linda palabra. Sonido aleteante, con algo de látigo. "Nos enguantamos de palabras", le dije a un amigo. Esa noche busqué en el segundo tomo de los Diarios de Kafka la frase que me había tironeado desde la memoria. Dice Kafka: "Me resulta casi incomprensible que casi todos los que saben escribir puedan objetivar el dolor en medio del dolor; que yo, por ejemplo, en medio de la desdicha, y con la cabeza ardiente de tanta infelicidad, pueda sentarme y comunicarle a alguien por escrito: Soy desgraciado." Leí y supe que también la decisión de levantarme de la cama, ir hasta la biblioteca, separarme del mensaje ("Hernán tuvo un infarto masivo. Anoche falleció") era una tentativa de objetivar el dolor. Ema, "se me ha muerto como del rayo". Ojaral, cuando empezaste con tu blog hablamos con Hernán, nos alegró que apareciese otro a quien le gustase tanto Cohen. Talentoso, sí. Generoso, dijeron también. Tuve la suerte de que me escuchase piropearlo. Los otros días recordaba que alguna vez, burlándome de la costumbre que había tomado de decirme "hija", le respondí: "También te quiero, pa. Cuando sea grande quiero ser buena como vos". Te escribo, Ventrílocuo. Besos para ustedes.

Julián Negromanti dijo...

Creo que escribir es el único acto de lucidez que queda cuando duele la vida. Es una especie de bálsamo la palabra, al menos hasta que la alegría vuelve.