viernes, agosto 29, 2008

Los triunfadores

No poseían absolutamente ninguna sabiduría; plenamente saciados de sí mismos, plenamente ajenos a sí mismos, lo único que tenían para seguir adelante era la más elemental de las virilidades, pero con eso solo les bastó para llegar muy lejos. Tuvieron experiencias trágicas y sufrieron pérdidas que, por brutos que fueran, no dejaron de hacerles daño: estaban especializados en que los machacaran a golpes como en machacar ellos a los demás. La cuestión está en que el dolor y los padecimientos no los distrajeron ni media hora de su intención de vivir. Su carencia de todo matiz y toda duda, de ese sentimiento de futilidad o desesperación que tienen los mortales corrientes, hacían tentadora a veces la posibilidad de considerarlos inhumanos; y, sin embargo, eran hombres de los que no cabía afirmar que fueran ninguna otra cosa aparte de eso, hombres: eran lo que es la realidad humana.
Philip Roth, La contravida

9 comentarios:

Maguila dijo...

Jamás leí un solo libro de Roth, ¿con qué empiezo?

e. r. dijo...

Con "la LEYENDA DEL SANTO BEBEDOR", si preguntás Joseph, bien Kleistiano, lúdico y poético, uno de los mejores relatos que se hayan escrito;
"Vive como quieras" (1966), si preguntás por Boris, esta película es de cuando recién se hizo colombiano, si no me equivoco;
"Cabin Fever", si preguntás por Eli, el mejor homenaje al cine clase B, sin duda;
"Una Noche Con Sabrina Love", si preguntás por Cecilia, porque está linda;
"The Legend of 1900". si preguntás por Tim, el célebre duelo con Jelly Roll Morton, nacido Ferdinand, autodenominado creador del jazz, es de película. Y lo mejor es que está en esta película.

PD. Linda Roth, escritora judía homosexual, es amiga de Zeta, personaje principal de "Cien botellas en una pared", novela de la cubana Ena Lucía Portela, que dicen que es un ácido literario vertido sobre los valores morales de la cuba de los noventa, en un intento de corroer los mecanismos cristinano-machistas que encascaran al cubano o lo cubano intro en la revolución fidelista. "Cien botellas..." suele ser muy recomendada, aunque sea casi inencontrable, además hay una Roth.

Saludos

Vero dijo...

Bueno, yo leí cuatro nada más, Maguila. La mancha humana es genial, pero difícil de conseguir, Pastoral en cambio se consigue facilísimo (hay una edición de bolsillo a 20 mangos o algo así) pero me decepcionó un poco, de Zuckerman encadenado hablo por ahí abajo, El lamento me gustó aunque no tanto como esperaba, más me va gustando La contravida, quizá porque tiene una estructura más compleja, menos... monolítica que El lamento, que está encajado en una sesión piscoanalítica (o una serie). Yo incurrí en Roth por influencia de Hernán de Zona Tomada y el blog español El lamento de Portnoy, están linkeados a la derecha, fijate lo que comentan ellos, diestramente.
Ever, parece que ese apellido trae un plus. Ya hace un tiempo despotricaba acá contra algunos aspectos de Pastoral americana y se armó una conversa sobre los Roth que pululan por ahí empeñados en causar envidia. ¡Gracias por los datos! Me da mucha curiosidad lo que decís del relato de Joseph Roth.
Besos a los dos.

Beatriz V. dijo...

¡Muy bueno! gracias

Anónimo dijo...

Verónica, vos incurriste en Roth por un platense, pero si yo no recuerdo mal levantaste "La Contravida" de una mesa de póker porque otro platense te sembró la duda (recuerdo hasta el más mínimo detalle).
Qué frágil es el olvido...

Vero dijo...

Carlos, el olvido es frágil para vos tan memorioso, ji. Fabulosamente memorioso. Sí, pedí ver las cartas, buena jugada la mía.
Beatriz, qué suerte que te guste.

mario skan dijo...

Leí Roth y asomé.
Justamente estoy leyendo EL lamento de Portnoy, anteriormente leí Pastoral, que me pareció muy buena. El lamento...a mi me causa mucha gracia, humor ácido, psicoanálisis sin devolución, esa , se la hacemos los lectores. la voz narradora no hace otra cosa que pensar en sexo, todos lo hacemos ,pero ésta le agrega una cuota de concupiscencia, morbo e histrionismo.
De las dos novelas que leí de Roth en ambas hace una radiografía del anglosajón, no muy airosas, todo lo contrario diría yo.

Espíritu crítico
humorismos
iconoclasta por excelencia, eso es roth

saludos

Vero dijo...

Mariano, gracias por tu comentario. Bueno, tal vez parte del efecto humorístico de El lamento surja a partir de la identificación que mencionás, Portnoy encarna la figura muy humana del descontento (hace un tiempo dejé acá en el blog una frase de Pessoa, “ser descontento es ser hombre”, que también tiene relación con la frase de Michaux de la que hablaba hace un rato, en fin, intentaré no dispersarme). Pastoral me gustó menos que El lamento, aunque tiene pasajes brillantes. Hay un momento en que el Sueco mira las tetas de la hija, y después la besa, para mí es un episodio nuclear que se irradia, eso es buenísimo, hay que ver cómo repiquetea después en el Sueco la culpa (fijate que al final lo recuerda, se pregunta si la hija no se habrá vuelto chapita por eso). También en El lamento el sexo se asocia a la culpa que es a la vez el motor narrativo, lo que pone en marcha el relato. Creo que hay una necesidad de desembarazarse de la culpa y a la vez persite la inclinación a aferrarse a ella, en esa tensión surge la narración. Pero volviendo a Pastoral, me molestó la distancia que toma Zuckerman para denunciar la ceguera del Sueco. No me gusta el lugar que toma el narrador, me parece que esa crítica fogosa a la sociedad norteamericana se entibia, pero bueno, es una opinión muy mía. Lo que sí me parece imperdonable es el recurso del fantasma. Hablé antes de esto, acá:
http://elinfiernodenuestrodescontento.blogspot.com/2007/10/belleza-americana.html
Saludos.

Anónimo dijo...

Buenísimo q hayas linkeado eso Vero, me encantó el texto.