domingo, marzo 12, 2006

Capote

Vengo de ver Capote. No voy a hablar del fabuloso trabajo de Philip Seymour Hoffman, eso ya lo dijo todo el mundo, incluido don Oscar. Otra idea me estuvo martillando la cabeza, mientras veía la película y después: cómo la escritura cambia al escritor. El tal Capote, por lo menos en el film, es un tipo insoportablemente cínico, en gran parte porque todo lo que hace está subordinado a la literatura. La amistad, el amor, le sirven en la medida en que lo ayuden a escribir. Un hombre debe morir pronto para que salga a tiempo la novela. Se me ocurrió, en otra escala, claro, que todos participamos un poco de ese factor Capote cuando escribimos. Pongamos, por ejemplo, este caso: uno está infinitamente triste y va a la compu o, si no se puede levantar de la mucha tristeza agarra la bic y escribe en el papel que tenga a mano, los Kleenex, yo qué sé. Al escribir, el sentimiento se transforma. No digo que se aminore, aunque puede pasar. Cambia. Puede que estemos llorando y el texto sea un consuelo, puede que no estemos llorando y al empezar a escribir nos “demos manija” y lloremos. (Perdón por la cursilería, pero necesito un ejemplo extremo, y no deja de ser cierto). La cosa es que la acción de escribir transforma ese sentimiento inicial en algo diferente, lo lleva a otro estado, lo evapora o lo licúa. Siempre, al final, lo solidifica (en palabras). Parece obvio, pero no sé: escribir no es lo mismo que pensar. Escribir puede ser una manera útil de reflexionar, un medio, pero sin duda apenas nos ponemos a trabajar con las palabras, las ideas se contaminan. El escritor es un disector. Desmenuza lo que piensa y siente y lo separa un poco de sí, es inevitable y necesario. Encima, para colmo, uno escribe para que otro lea. Quizás trate de no pensar en eso, pero en la corrección final está ya el ojo del otro ahí, al acecho.
Me encantó esta película.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Y bueno, Vero, me invitaron a verla y dije todavía no, porque no había leído ninguna crítica. Pasé por acá y me encuentro con la tuya. Confío.
Ta noche voy.

Vero dijo...

Mirá, alguna gente dijo que es lenta. Por mi parte, me quedé con la espalda despegada del asiento (una forma de decir que me mantuvo expectante) y los ojos como platos toda la peli, que además no es larga (noventa y pico minutos). Que la disfrutes.

Unknown dijo...

Concuerdo con que la escritura modifica al que escribe.
De hecho suelo escribir como medio de catársis o de sacarme un peso de encima o de hacer algo.
En mi blog he escrito sobre cómo escribir como una necesidad de hacer algo completamente inútil y cómo esa necesidad es absolutamente natural y humana.
Por otra parte, me pasa que necesito leer cosas que también me modifiquen o me produzcan algo. Al menos una sacudida.
Lo que es plano o liso me aburre.