domingo, diciembre 14, 2008

Heldenplatz

Quizá por aquello de “todo lo que empieza como tragedia termina como comedia” Rita Cortese abre Heldenplatz con gravedad y Pompeyo Audivert la continúa con exageración y parodia. Encuentro los estilos desencontrados. Aun así, recomiendo al que pueda que quiera acercarse al San Martín a ver esta obra de Thomas Bernhard, hoy, gratis, por cierre de temporada.

lunes, noviembre 17, 2008

Los cuartos

Stalker sale de su cuarto ruinoso en busca del de la Zona, al que no entra, ni nunca entró. Explica que en su calidad de stalker no puede hacerlo, que otro lo hizo y se aniquiló. Quizá intuya que al entrar a este cuarto introduciría algo del otro, como virus, contagio, propagación de la vida en sepia, corrupción más destructiva que la bomba del Profesor.

¿Qué sentido tiene venir aquí?

I- Poco a poco entra en la pantalla una imagen de un interior en blanco y negro, no, levemente sepia. Suenan instrumentos de viento, cierta rusticidad, quizá quena, o siku: música como de altiplano. Hombre con gorro entra desde nosotros, es decir desde un lado de la cámara, en el bar ajado donde el mozo transita de acá para allá. Se saca el gorro y pide algo al mozo, se rasca la cabeza, mira a la cámara. Se bebe el factible café. ¿Se puede decir que espera? No se sabe. Puede dejarse estar como quien dice dejarse caer. Estar como caído.
Relato sobre un meteorito.
Vaso se desplaza. Pareja de ojos abiertos en una cama compartida con niña en medio que duerme. (¿Por qué las paredes así, como de cueva?). Hombre despacioso se levanta, se calza pantalones y zapatos. En silencio sale de la habitación. En la puerta entreabierta la mujer se levanta también. Hombre acomoda cosas aprestándose para salir, mujer sale del dormitorio y reclama. (Siento gran fastidio ante el rol habitual de la mujer pedigüeña. Preferiría que fuese también una guía, o se mate, o al menos se las tome). Le recuerda la cárcel. Él replica, retruca: "Si en todas partes me siento como en una cárcel". Sale. Ella se tira al piso y se cuece en sus jugos de furia.
Sabré que es Escritor el hombre que seduce a una mujer que descree. No es bella pero es joven y lleva vestido y un raro abrigo, una especie de capa de piel. El guía le dice rajá y raja, raudos salen ella y el auto de la escena. Escritor bebe y relativiza como en general los escritores. Resbala y río. Se reúnen con el del gorro. Ya tres. Desconfía el del gorro. Se presentan, omitiendo los nombres: Profesor, Escritor. Escritor: "Yo saco la verdad a la luz, pero en ese momento algo le ocurre a ella". Decide que pedirá inspiración.

II- Jeep y calles mojadas, se esconden de un guardia, galpón o callecita. El tren pasa pura máquina, aprovechan la abertura. Dejan el jeep en lugar derruido. Vidrios rotos, tablas que cloquean, barro, agua. Se desdice Escritor: "Me importa un comino la inspiración. ¿Cómo puedo saber el nombre de lo que quiero? Son cosas imperceptibles, basta con nombrarlas y su sentido desaparece".
Mira Stalker, una seña, saltan al jeep y siguen al tren que penetra en la Zona. Disparos, no los alcanzan. Escritor busca el monorriel pero disparan otra vez y teme. Profesor se adentra. Dejan jeep por monorriel. La luz es difusa en el día temprano. Tiros de a ráfagas, entre la niebla. Escritor y Profesor miran con ansia, Stalker sólo mira. Música y rieles en la música. Todo enverdece de golpe, por contraste el pasado sepia parece irreal. Paran. Quedan. Stalker: "Y bien… ya estamos en casa".

III- Sin moverse de las vías hablan de un guía anterior, Puercoespín, muerto por propia mano. "Estas vendas hay que amarrarlas a las tuercas", dice el guía y reparte. Después se va al yuyal, abraza la tierra, queda como abrasado. Entretanto Profesor habla del meteorito, la desaparición de personas, la posibilidad de que no haya sido un meteorito. Avanzan un poco cuando vuelve Stalker. Avanza también la cámara en el pastizal y los tres se dan vuelta. A quién mira que no sea el espectador. ("¿Entonces ellos se quedaron aquí? ¿Son personas?" ¿Nosotros, acá, personas?). El guía tira la primera tuerca, hacia tanques de guerra carcomidos, medio cubiertos por vegetación informe. Para avanzar, cada vez tuerca con venda, y el trayecto que cruza el metal lo siguen los hombres. En un pozo, una voz que parece la del guía enuncia la idea taoísta de lo débil que vence a lo fuerte. Mucho esfuerzo hace para avanzar, a juzgar por el gesto. Pasan cerca de una cascada, el agua y la vegetación pasan sobre todo rastro de hombre. Escritor escruta. Mojado mira el agua. Túnel laberinto, salen y se encuentran con Profesor, en lugar anterior. Puercoespín dejó una tuerca como advertencia, agitación de Stalker, mejor descansar ahora. Se recuestan en montículos recubiertos de verdín. Se insultan Profesor y Escritor, quizá para infundirse algo de calor (poético dice Profesor: "Escritorzuelo estropajoso, sociólogo rudimentario. Debería escribir sólo en las paredes de los retretes, parlanchín inepto"). Un perro se acerca. No se ve que para andar precise de tuercas. Adormecido Stalker, vira al sepia. Sueña quizá. Los otros siguen discutiendo a desgano. "Para qué el genio", dice Escritor. Y es como decir: para qué lo completo, para qué la falta de ansias. Mira a cámara el guía, despierta. Relato del sentido.

IV- Túnel, probable acueducto (aunque toda la Zona parece un acueducto). Nadie se quiere aventurar primero. En vez de tuerca, piedra, grande. Avanza Escritor, detrás Profesor, detrás de éste Stalker. Escritor mira a cámara y al piso, desolado. "¿Otra vez yo?". Pasan por agua y emergen. Dunas de arena. "Experiencias, hechos, la verdad en última instancia". Todo invento idiota, como en Shakespeare. Monólogo de Escritor, genial, después Stalker larga una letanía. Suena el teléfono. "No es una clínica", responde Profesor. Saca un artefacto. "Ha traído un almámetro", dice Escritor pero el otro replica que es una bomba. (Puede ser, no la bomba, sino la presencia de la bomba, un almámetro). Para hacer estallar la posibilidad de que se cumplan deseos oscuros. (¿Qué ruidos? Pájaros, agua, pisadas humanas). Escritor acusa a Stalker de tomarse atribuciones sobrehumanas. Pelean. Se aflige Stalker, Escritor lo abraza. Profesor desarma la bomba y va tirando las partes en un para qué. "¿Qué sentido tiene venir aquí?" (¿Y la película? ¿Y la vida?). Llueve mientras los hombres esperan. Peces sobre el mecanismo detonador de la bomba, petróleo y Bolero de Ravel.

V- Hombres de vuelta en el bar. Stalker da de comer al perro. La mujer se acerca. Comprueba: "Regresaste". Vuelven a la casa, con la nena y el perro que se le pegó al guía. Plano amplio de la habitación, rebosa de libros. Stalker se recuesta y la mujer hace de enfermera (otro clásico mujeril), le administra algún medicamento. Monólogo de la mujer frente a la cámara, mientras fuma. Que el marido es tonto, que ustedes ("ustedes", es decir nosotros) ya se habrán dado cuenta. Daba lástima, dice. Manía del suicidio y la cárcel, hijos con problemas, pero "mejor es una felicidad amarga que una vida gris y aburrida".
Después, sentada a la mesa, la nena. El vaso se mueve, se aleja, también otros recipientes. El perro gime. Parece nevar dentro de la casa. Suena la novena de Beethoven. La nena descansa la cabeza. Hastío quizá. Nosotros como las cosas también nos alejamos.

martes, noviembre 11, 2008

Ellos

El horror específico de los campos, el horror que nos convence de que lo que pasó allí fue un crimen contra la humanidad, no es que los asesinos trataran a sus víctimas como a piojos a pesar de que compartían con ellas la condición humana. Eso también es abstracto. El horror es que los asesinos se negaran a pensarse a sí mismos en el lugar de sus víctimas, igual que el resto del mundo. La gente dijo: “Son ellos los que pasan en esos vagones de ganado”. La gente no dijo: “¿Cómo sería si yo fuera en ese vagón de ganado?”. La gente no dijo: “Soy yo el que estoy en el vagón de ganado”. La gente dijo: “Deben de ser los muertos a quienes están quemando hoy, que apestan el aire y hacen que me caiga ceniza sobre los repollos”. La gente no dijo: “¿Cómo sería si me estuvieran quemando a mí?”. La gente no dijo: “Me quemo, estoy cayendo en forma de ceniza”.


J.M. Coetzee, Elizabeth Costello

jueves, octubre 23, 2008

Una épsilon

Anoche hice el último intento de terminar Un mundo feliz. No hay caso, se me cae. Cada engranaje está más explicado que en un manual de mecánica. Demasiada exposición da fotos sin figuras. (Pensé: ¿Este tipo me cree una épsilon?). El colmo fue el frustrado romance entre John y Lenina. Hay libros que no son para mí, me dijo Borges a través del Uniberto y le di la razón (como si pudiera dársela; en fin, no desarmemos las frases hechas, que se deshacen). Te dejo, libro, libre. Libre de mis manos y de la cercanía de mi cara. Seguí sin mí.
Hoy para el viaje traje Vineland. Brazo derecho evitando el vuelco, brazo izquierdo haciendo malabares con el libro abierto. No sé todavía si me gusta. Diré que me enredé en la complejidad y fue un alivio. El comienzo me recordó el de Asfixia: un cuadro que un ser desaforado compone, con fastidio, como resorte para hacer saltar a los títeres en su beneficio. Al llegar a Uruguay Wheeler hablaba con un agente federal, Hector, sobre su ex esposa y yo con esfuerzo desentrañaba. Decía, de la complejidad: como leer un cuaderno de prolija y diminuta letra, abigarrada, mucho en cada página, como gente en un vagón del subte B a las 10 de la mañana, así.

martes, octubre 21, 2008

La voz de Herzog

Mañana nocturna, tarde que escampa el cielo. Yo en casa, la enfermedad me licencia. A la mañana me despertó la lluvia que caía a los gritos. Pasé el mediodía durmiendo. De tarde y pijama, me puse a pispear una de Herzog. Me encanta oírlo hablar. En parte es por la pronunciación. Hasta en inglés se le adhiere el alemán a las desmedidas vocales, las consonantes abruptas. Lengua de riscos, el alemán. Pero la vara del encantamiento es el tono calmo que contrasta con su temperamento pasional. Oyéndolo uno puede imaginarse la parsimonia con la que comió ese chocolate a centímetros de la furia de Kinski. Así habla, casi siempre, como gustando ese chocolate, frente a su propio fuego.

viernes, septiembre 26, 2008

Declive

En una entrevista -tarea de Didáctica-, oí decir: “Si pudiera no querer trabajar tanto, le dedicaría más tiempo al cine”. Linda fórmula, “si pudiera no querer”, ese reconocerse signado por un deseo profundo, explica tantas cosas que uno hace, no forzado, pero tampoco libre, por un resbaladizo declive de la voluntad.

Birome

Recién, durante un rato -que es una forma banal de llamar al hueco donde estuve hundida-, durante unas páginas, mejor, estuve escribiendo en mi cuaderno. Atendía a lo que escribía, pero también a la fluidez del movimiento arriba y abajo sobre el papel. Ahora los insistentes saltos de las yemas sobre el teclado -como si se tratase de una superficie ardiente- perturban la soltura en el discurrir, mientras oigo el sonido seco y mecánico, un trote apurado de palabras detrás de mí. El camino de la tinta desde la birome a la hoja es plácido. Sé que en parte se debe a lo silencioso de la tarea. De a ratos el roce de las materias deja oír un levísimo bisbiseo, apenas.

miércoles, septiembre 24, 2008

Los deberes

Sucede que cuando debería ponerme a leer los apuntes de Didáctica se interpone la declaración de Paul a Marijana: “La amo. Eso es todo.” Y eso es todo, en efecto. Todo lo suficiente. Debería leer lo otro pero no es apremiante todavía, más debo, menos condicional y más presente, como se puede notar fácilmente en la desinencia verbal, acompañar a Paul. Al avanzar se hace claro que tendré que desandar libros, que buscaré en un futuro inminente a Elizabeth Costello. Me impone el sustantivo deber de visitarla. Dice Costello en la página 89: “No es usted quien decide”. Y esa flecha, que no es para mí, sin embargo me roza.

domingo, septiembre 07, 2008

Quién no

Una frase de Michaux oída el miércoles me aguijonea: “quién no es mejor que su vida”. Saltó de boca en boca, el moderador se quedó con ella y la amplió, aunque sólo recuerdo ese carozo quemante. Basta para inquietar. Es el tema de tantas obras literarias. Porque es mejor que su vida un hacedor de slogans publicitarios presta su figura a una estatua ecuestre en la plaza principal de la ciudad que fundó, Santa María. A veces la alternativa es la contravida, otras apenas una mudanza a la calle que sigue (llamémosle Wakefield). La serie de elecciones combinada con la de las oportunidades demarca un confinamiento del que a veces se ansía escapar. Dentro y fuera de la literatura, quién no es un posible otro.
El buscador no encuentra lo que busco, el título del libro del que se recortó la frase, pero me invita a leer este párrafo: "A los ocho años Luis XIII hace un dibujo parecido al que hace el hijo de un caníbal de Nueva Caledonia. A los ocho años, tiene la edad de la humanidad, tiene por lo menos doscientos cincuenta mil años. Algunos años más tarde los ha perdido, no tiene más que treinta y uno, se ha vuelto un individuo, no es más que un rey de Francia, atolladero del que no saldrá nunca".