Anoche hice el último intento de terminar Un mundo feliz. No hay caso, se me cae. Cada engranaje está más explicado que en un manual de mecánica. Demasiada exposición da fotos sin figuras. (Pensé: ¿Este tipo me cree una épsilon?). El colmo fue el frustrado romance entre John y Lenina. Hay libros que no son para mí, me dijo Borges a través del Uniberto y le di la razón (como si pudiera dársela; en fin, no desarmemos las frases hechas, que se deshacen). Te dejo, libro, libre. Libre de mis manos y de la cercanía de mi cara. Seguí sin mí.
Hoy para el viaje traje Vineland. Brazo derecho evitando el vuelco, brazo izquierdo haciendo malabares con el libro abierto. No sé todavía si me gusta. Diré que me enredé en la complejidad y fue un alivio. El comienzo me recordó el de Asfixia: un cuadro que un ser desaforado compone, con fastidio, como resorte para hacer saltar a los títeres en su beneficio. Al llegar a Uruguay Wheeler hablaba con un agente federal, Hector, sobre su ex esposa y yo con esfuerzo desentrañaba. Decía, de la complejidad: como leer un cuaderno de prolija y diminuta letra, abigarrada, mucho en cada página, como gente en un vagón del subte B a las 10 de la mañana, así.
jueves, octubre 23, 2008
martes, octubre 21, 2008
La voz de Herzog
Mañana nocturna, tarde que escampa el cielo. Yo en casa, la enfermedad me licencia. A la mañana me despertó la lluvia que caía a los gritos. Pasé el mediodía durmiendo. De tarde y pijama, me puse a pispear una de Herzog. Me encanta oírlo hablar. En parte es por la pronunciación. Hasta en inglés se le adhiere el alemán a las desmedidas vocales, las consonantes abruptas. Lengua de riscos, el alemán. Pero la vara del encantamiento es el tono calmo que contrasta con su temperamento pasional. Oyéndolo uno puede imaginarse la parsimonia con la que comió ese chocolate a centímetros de la furia de Kinski. Así habla, casi siempre, como gustando ese chocolate, frente a su propio fuego.
viernes, septiembre 26, 2008
Declive
En una entrevista -tarea de Didáctica-, oí decir: “Si pudiera no querer trabajar tanto, le dedicaría más tiempo al cine”. Linda fórmula, “si pudiera no querer”, ese reconocerse signado por un deseo profundo, explica tantas cosas que uno hace, no forzado, pero tampoco libre, por un resbaladizo declive de la voluntad.
Birome
Recién, durante un rato -que es una forma banal de llamar al hueco donde estuve hundida-, durante unas páginas, mejor, estuve escribiendo en mi cuaderno. Atendía a lo que escribía, pero también a la fluidez del movimiento arriba y abajo sobre el papel. Ahora los insistentes saltos de las yemas sobre el teclado -como si se tratase de una superficie ardiente- perturban la soltura en el discurrir, mientras oigo el sonido seco y mecánico, un trote apurado de palabras detrás de mí. El camino de la tinta desde la birome a la hoja es plácido. Sé que en parte se debe a lo silencioso de la tarea. De a ratos el roce de las materias deja oír un levísimo bisbiseo, apenas.
miércoles, septiembre 24, 2008
Los deberes
Sucede que cuando debería ponerme a leer los apuntes de Didáctica se interpone la declaración de Paul a Marijana: “La amo. Eso es todo.” Y eso es todo, en efecto. Todo lo suficiente. Debería leer lo otro pero no es apremiante todavía, más debo, menos condicional y más presente, como se puede notar fácilmente en la desinencia verbal, acompañar a Paul. Al avanzar se hace claro que tendré que desandar libros, que buscaré en un futuro inminente a Elizabeth Costello. Me impone el sustantivo deber de visitarla. Dice Costello en la página 89: “No es usted quien decide”. Y esa flecha, que no es para mí, sin embargo me roza.
domingo, septiembre 07, 2008
Quién no
Una frase de Michaux oída el miércoles me aguijonea: “quién no es mejor que su vida”. Saltó de boca en boca, el moderador se quedó con ella y la amplió, aunque sólo recuerdo ese carozo quemante. Basta para inquietar. Es el tema de tantas obras literarias. Porque es mejor que su vida un hacedor de slogans publicitarios presta su figura a una estatua ecuestre en la plaza principal de la ciudad que fundó, Santa María. A veces la alternativa es la contravida, otras apenas una mudanza a la calle que sigue (llamémosle Wakefield). La serie de elecciones combinada con la de las oportunidades demarca un confinamiento del que a veces se ansía escapar. Dentro y fuera de la literatura, quién no es un posible otro.
El buscador no encuentra lo que busco, el título del libro del que se recortó la frase, pero me invita a leer este párrafo: "A los ocho años Luis XIII hace un dibujo parecido al que hace el hijo de un caníbal de Nueva Caledonia. A los ocho años, tiene la edad de la humanidad, tiene por lo menos doscientos cincuenta mil años. Algunos años más tarde los ha perdido, no tiene más que treinta y uno, se ha vuelto un individuo, no es más que un rey de Francia, atolladero del que no saldrá nunca".
El buscador no encuentra lo que busco, el título del libro del que se recortó la frase, pero me invita a leer este párrafo: "A los ocho años Luis XIII hace un dibujo parecido al que hace el hijo de un caníbal de Nueva Caledonia. A los ocho años, tiene la edad de la humanidad, tiene por lo menos doscientos cincuenta mil años. Algunos años más tarde los ha perdido, no tiene más que treinta y uno, se ha vuelto un individuo, no es más que un rey de Francia, atolladero del que no saldrá nunca".
viernes, agosto 29, 2008
Los triunfadores
No poseían absolutamente ninguna sabiduría; plenamente saciados de sí mismos, plenamente ajenos a sí mismos, lo único que tenían para seguir adelante era la más elemental de las virilidades, pero con eso solo les bastó para llegar muy lejos. Tuvieron experiencias trágicas y sufrieron pérdidas que, por brutos que fueran, no dejaron de hacerles daño: estaban especializados en que los machacaran a golpes como en machacar ellos a los demás. La cuestión está en que el dolor y los padecimientos no los distrajeron ni media hora de su intención de vivir. Su carencia de todo matiz y toda duda, de ese sentimiento de futilidad o desesperación que tienen los mortales corrientes, hacían tentadora a veces la posibilidad de considerarlos inhumanos; y, sin embargo, eran hombres de los que no cabía afirmar que fueran ninguna otra cosa aparte de eso, hombres: eran lo que es la realidad humana.
Philip Roth, La contravida
jueves, agosto 21, 2008
El resplandeciente funcionar sin pausa de esa máquina
“No te bañarás dos veces en la misma tina”, dice Fuentes en el Prólogo a Larva y otras noches de Babel distanciándose de Heráclito para desbaratar una aparente estabilidad. “No te bañarás dos veces en el mismo libro”, pensaba anoche al recorrer otra vez textos de Saer y comprobar que efectivamente era otra la vez y por ende (¡POR! ¡EN! ¡DE!, seguí preposicionando, nomás, así vas a quedar, posicionada antes, o después, afuera, en todo caso) otra la lectura. Tengo una más que moderada (“razonable” es una palabra algo grosera, ya bastante mal hace "por ende") confianza en que los libros se mantuvieron inmutables en la biblioteca todo este tiempo, entre una lectura y otra. Pero bajo mi mirada no eran los mismos. Libros como tinas.
(El resplandeciente título del post fue tomado en la zona tomada).
(El resplandeciente título del post fue tomado en la zona tomada).
miércoles, agosto 20, 2008
Lambor
Leo poemas de Lamborghini. Releo, relamiéndome. Es decir, lamo la boca que pronuncia, mal dicho, lambo:
Y el espacio es sutil y vertebrado, más sutil
que la gran lengua del lenguaje
esa que convierte al estático microcéfalo
en interlocutor de un pájaro soñado para el comienzo
y a la flor a la que luego se apela
pensando: una rosa quizás, y su rocío.
(Es decir… ¿Es? ¿Decir? Qué trueque tramposo anuncia esa expresión. Efecto de lectura: rabio contra mis palabras habituales y las combinaciones que habitan, contra mi hábito de labrar palabras con los abrapalabras de siempre).
Y el espacio es sutil y vertebrado, más sutil
que la gran lengua del lenguaje
esa que convierte al estático microcéfalo
en interlocutor de un pájaro soñado para el comienzo
y a la flor a la que luego se apela
pensando: una rosa quizás, y su rocío.
(Es decir… ¿Es? ¿Decir? Qué trueque tramposo anuncia esa expresión. Efecto de lectura: rabio contra mis palabras habituales y las combinaciones que habitan, contra mi hábito de labrar palabras con los abrapalabras de siempre).
jueves, agosto 07, 2008
Reyno
Cruzan los alfiles, diagonales, la dama tantea las paredes de sus torres que flanquean sin flaquear (curva seguridad, casi cilíndrica), sacrifica a todos los peones, envía sus alados caballos que parecen hesitar en ele, comen, esquivan (sí-no su sino).
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